"Si me pongo un chonete, me hace sentir costarricense"

“Chonete” prenda tica que se niega a desaparecer

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“El Chonete” es parte de la identidad costarricense”

Lucía Arce, historiadora del Teatro Nacional, asegura que el uso del sombrero en Costa Rica, durante el Siglo XIX y la primera etapa del SXX , era indispensable y necesario en la vestimenta. No importaba si el sombrero era muy formal, informal e incluso de trabajo.

El sombrero, según Arce, además de dar un aspecto de respeto y señorío para algunos, también llegó a representar una utilidad importante para los campesinos que labraban la tierra, al protegerles del sol y el calor.

Poco a poco, nos dice la historiadora “el chonete” -con su forma particular- se fue convirtiendo en prenda infaltable para el agricultor costarricense “quien lo hizo suyo, lo identificada, lo necesitaba”. De esa forma “el chonete” se incorporó en la cultura popular costarricense.

Arce dice que “el chonete” nos recuerda a “aquellos labriegos sencillos”, que nos llama a ser nuestro Himno Nacional.

“Si me pongo un chonete, me hace sentir costarricense”

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Niño con chonete. Imagen tomada de internet.

En Costa Rica, poco a poco, empezamos a entender que “el chonete” representa no solo al campesino sino también a todo el resto de costarricenses. En cualquier lugar o evento en que queramos que se nos reconozca, según Lucía Arce, “todos nos aseguramos de ponernos nuestro chonete”.

Marita: “se dedico a rescatar el chonete”:

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Marita, mostrando orgullosa sus creaciones.

Marita Murillo Quirós, es una mujer emprendedora de Guatuso de Alajuela, quien durante muchos años se dedicó a la costura, pero decidió rescatar “un sombrero que está en vías de extinción y que identifica mucho a los ticos; es muy necesario porque cubre mucho”, “el Chonete”.

Durante años observó cómo el abuelo de sus hijos, Luis Barquero,  se dedicó a confeccionar esa prenda que tanto caracteriza a los costarricenses. Pero por la edad, Barquero dejó de hacerlo.

Cuenta Marita, que “ella se preocupó” porque sabe que no muchos hacen esos sombreros,  que además “ de ser cómodos, sirven mucho para el trabajo”.

Fue así como creó la pequeña empresa Sombol, en donde trabaja con sus 3 hijas, “cuando tienen mucho trabajo contrataran a algunas vecinas”. 

En la actualidad hacen unos 100 sombreros por semana, los meses de mejor venta son “junio, julio, agosto y septiembre”. Además de venderlos en el comercio y entre los turistas, aceptan encargos de piñeras y otras empresas, donde los empleados tienen que trabajar bajo el sol.

Los hacen según los necesite el cliente: en lona cruda, engomada o gruesa, “además es un sombrero baratito”.

Marita se inscribió en el programa de “ideas productivas ” del Instituto Mixto de Ayuda Social(IMAS), donde le dieron 3 máquinas planas y una cortadora. Hoy se siente orgullosa porque “colabora con la Patria y también con su familia”

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